SAL DE MAR, patrimonio culinario

Se le conoce desde antes de la llegada de los españoles y en cada desembocadura de río, desde el Maipo hasta el Mataquito, hubo al menos una parcela productora. Hoy son Cáhuil y Lo Valdivia, dos poblados de la región de O’Higgins, los que siguen tirando el carro de un producto único. Su forma, su sabor y sobre todo su factura artesanal la distinguen, pese a la poca valoración en los restaurantes de su propia tierra. Como sea, va de a poco reposicionándose en el ambiente gourmet local. Un producto que retorna y que vale la pena