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Barbara y José Ignacio Castro, hermanos y socios, diseñaron una cocina basada en las bondades de los alimentos funcionales.

Alternativas equilibradas para el comer del día, matizadas con algo de diversión desde las sazones y la estética y uso racional de las carnes, algo importante para una ciudad acostumbrada a las porciones grandotas de proteína animal. Por eso marcan la diferencia allá mediante ideas de corte oriental como salteados, bowls de ensaladas, sumado a una lista de cebiches, además de pizzas crocantes y coloridas.